Una nueva familia se unió a nuestro equipo de restauradores: María y Andrés Avilés

Es un gusto para nosotros compartir con ustedes que una familia más se ha sumado al grupo de restauradores que colaboran con Humanos por la Abundancia: se trata de María y Andrés Avilés, sus hijos y su pequeño nieto.

Ellos tienen una finca de seis hectáreas en la comunidad kichwa de Mushullakta, en la provincia de Napo. Su propiedad colinda con el parque nacional Sumaco-Napo-Galeras, que tiene una extensión de 63 000 km2.


Antes de unirse a Humanos por la Abundancia, la familia Avilés vivía de la venta de productos agrícolas producidos de manera tradicional, es decir, con químicos y pesticidas. De esta manera, ganaban un promedio mensual muy bajo: aproximadamente 100 USD. Además, en caso de mucha necesidad, talaban uno de los grandes árboles nativos que crecen en su quinta. Estos árboles valen mucho en el negocio maderero; entonces, a pesar de que su venta es ilegal, los talaban —a veces de noche y a escondidas— pues uno podía representar hasta 3000 USD.


Ser parte de la iniciativa de Humanos por la Abundancia implica para esta familia un gran cambio en el manejo de su terreno, que convertirán en una #FincaRegenerativa. Esto implica un rediseño total: en vez de tener sembríos de monocultivos en toda la propiedad, usarán solo uno o dos hectáreas para sembrar. Adicionalmente, usarán métodos de permacultura, como la fabricación de compost, el tratamiento del suelo con fertilizantes orgánicos, la asociación de cultivos con diversas plantas y la siembra de plantas arbustivas o forrajeras, que ayudan a mantener el agua en los suelos y a prevenir la erosión.



El resto de la quinta será reforestada con árboles nativos que antes fueron talados, como el chuncho, el pambil, la guayabilla, el copal, entre otros. Para esto, deben investigar qué plantas crecían antes en el área, y conseguir semillas de plantas y árboles que, muchas veces, se encuentran en peligro de extinción. Gracias a los talleres de agroecología que brinda Humanos por la Abundancia, los pequeños agricultores como Andrés y María han aprendido que una de las mejores maneras de conseguir estas semillas es “invitar” a los pájaros (por ejemplo, poniendo una percha para que descansen) y a otros animales (por ejemplo, haciendo un “refugio” que simule las guaridas de los armadillos) a visitar sus tierras; al visitar, estos dejan semillas en sus desechos. La familia Avilés luego se encargará de sembrar estas semillas y cuidar de las plántulas, que ojalá con el tiempo se conviertan en árboles altos y fuertes.

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