¿De dónde vienen los árboles?

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora.”

-Proverbio chino



Este es un proverbio popular que ha estado dando vueltas en los últimos dos años. Funciona porque se vale de la culpa que cargamos por el medio ambiente, y brinda una acción simple que puede aliviar esa culpa y hacer una contribución positiva al cambio climático.


Si los humanos simplemente plantáramos 10 mil millones de árboles en los próximos diez años, el cambio climático se resolvería, y podríamos continuar con nuestras vidas.


Esta es una creencia pulcra y ordenada que ha sido perpetuada por una serie de empresas y gobiernos dedicados a plantar árboles, precisamente porque plantar un millón de árboles es un proyecto relativamente alcanzable que se puede hacer en un día, y porque genera muy buenas relaciones públicas.


Soy jardinero en un parque público y estoy a cargo de la salud de unos 2000 árboles recién plantados. Cada vez que veo estos artículos o videos sobre plantar árboles, siempre me pregunto, ¿quién se encargará de un millón de árboles recién plantados?


A la final, los árboles se cuidan solos, ¿verdad?



Podrían, pero con un poco de ayuda de unos buenos amigos. A medida que la biología se ha convertido en molecular y la ecología ha tenido tiempo de observar escalas de tiempo más largas, los científicos han comenzado a desvelar los secretos de cómo los reinos de animales, plantas, bacterias y hongos trabajan juntos en beneficio de todos.

Echemos un pequeño vistazo a cómo sucede esto.

Un pájaro come una fruta y vuela a un matorral para poder digerirla con algo de seguridad. Deposita la semilla de la fruta en una capa protectora de bacterias: las eses, que mantienen la semilla húmeda y evitan que las bacterias dañinas u hongos destruyan la semilla.


Las estaciones cambian y los matorrales y los árboles alrededor dejan caer sus hojas, cubriendo la semilla con otra capa de abono protectora. La nieve y la lluvia empujan la semilla bajo tierra, y cuando el tiempo es adecuado, por lo general en primavera o durante la temporada de lluvias, la semilla empuja sus raíces hacia abajo.


Casi de inmediato, las raíces establecen una relación con la red micorriza de hongos que viven bajo tierra. Los hongos proporcionan nutrientes esenciales a la plántula, ayudándola a crecer más alto y más lleno, y a cambio, la planta provee del exceso de carbohidratos generados a partir de la fotosíntesis a los hongos.


Con esta red subterránea de reciprocidad en pleno apogeo, la plántula se convierte en un arbonio. El matorral lo protegerá de los fuertes vientos y la navegación por herbívoros, y si el árbol carece de nutrientes o es atacado por plagas, podrá enviar señales de socorro a través de la red micorriza a otros árboles a su alrededor, que a su vez le enviarán nutrientes y compuestos para asegurar su supervivencia.




En cada ecosistema forestal sano hay "árboles madre”, que son los más antiguos y fuertes de todos, y que se ha demostrado que reparten nutrientes a otros árboles en todo el bosque, incluso a aquellos que pertenecen a otras especies.

Estos árboles madre no sólo trabajan por su supervivencia, o la supervivencia de sus crías, sino por la salud de todo el ecosistema. Desafortunadamente, en muchos lugares estos árboles se talan de manera selectiva porque son los árboles más grandes y saludables de su entorno. Y en los casos en que se realiza una reforestación total, a menudo no existe una red micorriza que ayude a los árboles jóvenes a establecerse.

Así, los árboles jóvenes, recién plantados y que sufren de una conmoción por trasplante, necesitan de alguien o algo que los ayude a alcanzar todo su potencial como entes bloqueadores de carbono, proveedores de alimentos, purificadores del aire y guardianes del agua.

En muchos casos, ese potencial nunca se alcanza. Pero con un poco de compromiso y un cambio de mentalidad, los seres humanos podemos cumplir ese papel y asegurarnos de no sólo plantar mil millones de árboles, sino también de cuidarlos.

Humanos por la Abundancia está comprometida con esta causa, por lo que empoderamos a las personas que viven en la naturaleza para que protejan de su bienestar.


La forma más fácil de cuidar de un árbol joven es imitar a los sistemas naturales que lo hacen de todas maneras, por lo que nos centramos en la agroecología, la biodiversidad del suelo y la preservación de los árboles maduros. Estos compromisos son muy claros, mientras que el cambio de mentalidad puede ser un poco complicado.



Humanos por la Abundancia está tan comprometida con fomentar un cambio cultural hacia el cuidado de la naturaleza como lo estamos empoderando a las personas para que cuiden de ella.


Creemos que todos vivimos en la naturaleza, y somos parte de la naturaleza, y todos podemos hacer nuestra parte para asegurar que toda la vida tenga la oportunidad de prosperar en este planeta.


La forma en que alguien elige hacer su parte depende de cada individuo, pero al igual que los árboles madre, y las redes de hongos, y las bacterias, aves y matorrales, todo el mundo tiene un papel que desempeñar.


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