Salvar la Amazonía con prácticas de cultivo ancestrales

Updated: Mar 31

Como el viaje de un hombre muestra el camino a seguir para todos nosotros



Cuando piensas en una granja, ¿qué te viene a la mente?


Veo grandes campos de trigo o maíz, destrozados por altos silos y graneros rojos. Probablemente haya algunas vacas o gallinas, al menos un perro, y tiene que haber un tractor para arar los campos y levantar las pesadas pacas de heno..


Y cuando piensas en una selva tropical, ¿qué te viene a la mente?


Imagino árboles grandes que oscurecen el sol, cubiertos de espesas enredaderas y que esconden innumerables criaturas. El goteo de agua es constante, solo inaudible cuando un insecto pasa zumbando o un pájaro llama desde el dosel. Es un lugar húmedo y oscuro, pero lleno de vida caótica en toda su diversidad.



Es posible que te hayas imaginado algo diferente dependiendo de tu origen, pero apuesto a que fue similar, especialmente para aquellos de nosotros de países occidentales. Más que que en otros casos, los paisajes evocan una imagen compartida, quizás porque son lugares inherentemente públicos. Parque significa más o menos lo mismo para todo el mundo, mientras que escuela significa cosas distintas para diferentes personas.


Además, las historias que contamos y volvemos a contar sobre paisajes son poderosas, inmersas en nosotros desde una edad temprana. El libro de la selva y la granja de Old MacDonald's, por ejemplo, son historias bien contadas, y solo dos de las muchas que representan los paisajes que existen en la imaginación de las personas.


Yo también tengo una historia sobre granjas y selvas tropicales.


Rogelio Simbaña, un hombre indígena kichwa de la región andina de Ecuador, nació en 1975 en la misma tierra que sus ancestros han labrado durante generaciones, si bien no para su propio beneficio en los últimos 450 años. Cuando llegaron los españoles, tomaron las mejores tierras y las convirtieron en sus haciendas. Los lugareños fueron empujados a las áreas que eran más frías o más secas o generalmente más inhóspitas, pero aún así se vieron obligados a trabajar la buena tierra para sus nuevos jefes.



Éste fue un modelo que se repitió en todo el continente y luego en todo el mundo. Rogelio nació en una cultura que había sido subyugada y avergonzada durante 450 años. Cuando era adolescente enfrentó implacables acosos y discriminaciones por parte de sus compañeros mestizos en la escuela. Anhelaba ser aceptado, como muchos otros adolescentes, y decidió trabajar duro para obtener una trabajo cultivando. La agronomía le permitiría hacerlo. Pensó que llevar a su familia al siglo XX tecnológicamente también podría sacarlos de la pobreza, y trabajó duro para ser el mejor de su clase y demostrar a todos que él no era solo un simple “indio”.


Después de graduarse de la Universidad en Agronomía, Rogelio consiguió trabajo en granja industrial grande, donde aplicó sus nuevos conocimientos trabajando con invernaderos de flores, cultivos de frutas y otros cultivos de ciclo corto, que en todos los casos debían de lucir perfectos.


Las granjas grandes logran una belleza homogénea al explotar la capacidad de una planta para reproducirse asexualmente. Pero a la vez matan todo el suelo por el uso de fertilizantes sintéticos. El problema es que si bien las plantas pueden clonarse a sí mismas y reproducir rasgos deseados, como flores brillantes y frutos grandes, su inmunidad contra enfermedades y plagas se ve afectada. Para contrarrestar este problema se aplica rigurosamente fertilizantes sintéticos y pesticidas, que mantienen las plantas en producción y las plagas controladas. Esta es realmente la única forma de cultivar grandes cantidades de la misma planta con un alto nivel.

Rogelio se convirtió en un experto en la aplicación de productos químicos. Trababa duro y estaba feliz de estar a la vanguardia de la falsa agricultura y, de alguna manera, llevar a su gente al futuro. Luego empezó a tener dificultades con su organismo y comenzó a toser.


Y de eso va realmente esta historia: la tos de Rogelio refleja nuestra enfermedad, y como él recuperó la salud ejemplifica el cómo debemos restaurar la salud de la selva amazónica.

La selva amazónica es inimaginablemente vasta, plana y verde. Es una fuente de agua, oxígeno y medicina. Y, como todos sabemos, arde a un ritmo insostenible. Esto se debe principalmente a que la Amazonía no ha sido una fuente confiable de alimento para grandes poblaciones, por lo que está siendo talada y quemada para sembrar pasto para vacas y hacer espacio para cultivos.



Cultivar en la selva tropical es difícil por muchas razones, pero principalmente porque los suelos son en general bastante pobres. Todos los nutrientes esenciales para la vida se almacenan en la multitud de seres que viven allí, y cuando un árbol o animal cae al suelo del bosque, se descompone rápidamente en sus partes fundamentales y es absorbido por la vegetación cercana.


Además, el bosque húmedo hace honor a su nombre, y todos esos aguaceros torrenciales eliminan rápidamente los nutrientes del suelo si no hay vegetación que lo cubra. La materia orgánica y los minerales del suelo no duran mucho en una selva tropical.

Los suelos pobres hacen que los agricultores solo puedan obtener dos o tres ciclos de cosechas en una parcela de tierra antes de que se agote. Luego deben agregar nutrientes en forma de fertilizantes o simplemente quemar la siguiente sección del bosque para usar las cenizas como fertilizante y sembrar ahí.


Este método es duro para la tierra y la gente, y nadie se enriquece con la agricultura de tala y quema, con excepción, quizá, de las grandes empresas de carne. La tala y quema es efectiva, pero no es particularmente productiva, y aunque los historiadores creían que, dado que los pueblos indígenas de la Amazonía practicaban la tala y quema, siempre debían haberlo hecho y que, por lo tanto, tenían poblaciones consistentemente bajas y estilos de vida nómadas. Sin embargo, esa suposición estaba equivocada.

Una investigación más reciente, sintetizada en el libro ‘1491’ de Charles Mann, ha demostrado que la Amazonía sustentaba a una población muy grande y diversa de grupos indígenas antes del contacto con los europeos.

A lo largo de la cuenca del Amazonas hay colinas que se elevan por encima de la línea de inundación anual y tienen una gama excepcionalmente amplia de árboles frutales. Los suelos de estos montículos son ricos en nutrientes y, curiosamente, a menudo están llenos de cerámica rota. Cada vez resulta más claro que la mayoría de estas colinas fueron construidas por humanos, y que se trataba en realidad de algún tipo de agricultura impensable para los recién llegados europeos.

En lugar de despejar el bosque para plantar cultivos anuales como yuca o calabaza, los amazónicos plantaban árboles frutales que proporcionaban un flujo constante de frutas ricas en nutrientes y protegían al suelo de los fuertes aguaceros durante la temporada de lluvias. Existen 138 especies de plantas domesticadas conocidas que se originan en la región amazónica, y más de la mitad de ellas son árboles que protegen el suelo y alimentan a la gente.

Se conseguía este suelo apilando cerámica y materia orgánica. La gran cantidad de cerámica necesaria para hacer estas colinas es una prueba más de lo avanzadas que eran estas sociedades. Una olla es un recurso valioso para un grupo de cazadores-recolectores, y resultaría poco probable que tal grupo rompiera grandes cantidades de ollas para hacer granjas estacionarias. Esta práctica sólo tendría sentido para una sociedad avanzada y relativamente sedentaria, con alfareros dedicados y personas que manejaban el horno. Curiosamente, los modernos experto en suelos aún no saben cómo estos antiguos agricultores crearon un suelo tan rico a partir de cerámica y de los materiales que se utilizaban en su elaboración.



El hecho de que estos suelos hayan sobrevivido durante 300 años, una operación increíblemente sustentable, muestra que los pueblos amazónicos estaban más avanzados tecnológicamente en este campo que nuestra sociedades contemporáneas.

Entonces, ¿qué pasó con estas civilizaciones amazónicas avanzadas? ¿Cómo es que no queda rastro de ellos? Bueno, la selva tropical reutiliza rápidamente cualquier cosa que una vez estuvo viva, y hay muy poco metal natural en el Amazonas.


De modo que todos sus edificios y herramientas se habrían derivado de la madera y la piedra, es decir materiales que no subsisten por mucho tiempo en el suelo del bosque. Los montículos y los suelos permanecen, pero solo se pueden encontrar cuando se tala el bosque. Irónicamente, la tala intencional del Amazonas ha revelado estas colinas artificiales y ha demostrado que las suposiciones que tenían los occidentales sobre la gente del Amazonas estaban completamente equivocadas.

Los primeros europeos que viajaron por el río Amazonas contaron historias de grandes ciudades y áreas pobladas que se extendían por kilómetros a lo largo de los ríos. Estas historias llevaron al mito de El Dorado, y luego fueron descartadas por los historiadores como las creaciones fantasiosas de exploradores calcinados por el sol y medio muertos de hambre.


Aquellos primeros europeos también trajeron enfermedades, y los que los siguieron cazaron y esclavizaron a los pueblos que encontraron, diezmando las poblaciones locales.


Los antropólogos contemporáneos ahora creen que las culturas restantes se retiraron al bosque a medida que los europeos avanzaban, viviendo de sus fincas de árboles, y volviendo a la agricultura de tala y quema y los estilos de vida tribales nómadas, de modo de evitar a los invasores europeos.


Las tribus primitivas del Amazonas no son en realidad una ventana al pasado que muestra estilos de vida humanos prehistóricos, sino los restos de culturas devastadas por enfermedades e invasores.

La tos de Rogelio persistió. Vio a varios médicos y recibió muchos tratamientos, pero nada realmente ayudó. Después de años de dolor que empeoraba, un médico finalmente le dijo que si no paraba, los químicos que inhalaba en su trabajo eventualmente lo matarían. Angustiado y desanimado, regresó a su comunidad para vivir con sus padres como un hombre de 30 años sin trabajo y sin perspectivas.



Su padre, campesino desde hace mucho tiempo, lo dejó quedarse, pero Rogelio tuvo que trabajar para ganarse la vida. Salió a los campos en terrazas y aprendió a cultivar papas y quinua; cultivos que habían sido modificados selectivamente durante miles de años para prosperar en las duras condiciones de los Andes. Comió las mismas plantas que cultivó, su tos desapareció y Rogelio pudo enorgullecerse de su cultura que promovía el trabajo duro y humilde para alimentar a los suyos.

A medida que Rogelio aprendió sobre los estilos tradicionales de agricultura, su interés por la permacultura creció. A partir del año 2003 empezó a reaprender sus vivencias que desarrollaba cuando era niño y en el año 2005 fue a Brasil para realizar una Ecoversidad en Permacultura, curso intensivo sobre principios y prácticas de permacultura. Allí experimentó los bosques alimentarios de la Amazonía y se dio cuenta de que ese modelo podía llevarse de regreso a las regiones boscosas del Ecuador.


Entonces comenzó a enseñar prácticas de permacultura en su país de origen y logró obtener un terreno que lo convirtió en una finca que demuestra los beneficios de esas prácticas.


Los estudiantes vinieron y aprendieron de él, y luego regresaron a sus propias regiones con su nuevo conocimiento de permacultura, que es simplemente una síntesis de las prácticas agrícolas indígenas con un nuevo nombre.


El año pasado, Humans for Abundance necesitaba un socio para crear y realizar talleres de agricultura en nuestra comunidad asociada de Mushullakta, de modo que pudieran comenzar a transformar su tierra en un bosque de alimentos. Javier Carrera, director de la Red de Guardianes de Semillas, sugirió que nos comuniquemos con Rogelio, y la reunión y los talleres han ido tan bien que él ahora se ha convertido en nuestro nuevo restaurador.

Nuestro objetivo es financiar sus talleres en todo el país, llevar la agricultura regenerativa a todas partes de Ecuador, curar las enfermedades causadas por el monocultivo y garantizar que su gente no solo se alimente de sus granjas en la selva tropical, sino que se sienta orgullosa de su trabajo y patrimonio también.

Si quieres ayudarnos a restaurar bosques tropicales y llevar los talleres de Rogelio a comunidades indígenas que pueden tener un gran impacto en el medioambiente compra sus ecoservicios aquí.


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